Super Omnia Veritas

RATZINGER EN 1990: EL ANTIMODERNISMO HA SIDO SUPERADO.

Manifiesto contra la fe provisional y la verdad con fecha de vencimiento.

"El texto [de la instrucción Donum Veritatis] también ofrece diferentes formas de vinculación que surgen de distintos niveles de enseñanza magisterial. Afirma -quizás por primera vez con tanta claridad- que existen decisiones magisteriales que no pueden ser, ni pretenden ser, la última palabra sobre el asunto como tal, sino que constituyen un punto de apoyo sustancial en el problema y son, ante todo, una expresión de prudencia pastoral, una especie de disposición provisional. Su esencia sigue siendo válida, pero los detalles individuales, influenciados por las circunstancias del momento, pueden requerir una mayor rectificación. A este respecto, cabe remitirse a las declaraciones de los Papas del siglo pasado sobre la libertad religiosa, así como a las decisiones antimodernistas de principios de este siglo, especialmente las decisiones de la Comisión Bíblica de la época. Como advertencia contra las adaptaciones apresuradas y superficiales, estas siguen estando plenamente justificadas; una persona de la talla de Johann Baptist Metz ha dicho, por ejemplo, que las decisiones antimodernistas de la Iglesia prestaron un gran servicio al evitar que se hundiera en el mundo liberal-burgués. Pero los detalles de la determinación de su contenido fueron superados posteriormente, una vez que habían cumplido su función pastoral en un momento particular."

Joseph Ratzinger en una conferencia de prensa en el Vaticano el 26 de junio de 1990. Publicado en «La teología no es una idea privada del teólogo», Osservatore Romano n. 27/1147, 2 de julio de 1990, pág. 5. El enlace a la conferencia: Cardinal Ratzinger: Theology is Not Private Idea … - Fuentes: 1. RATZINGER IN 1990: ANTI-MODERNISM HAS BEEN … - 2. Joseph Ratzinger in 1990: Church's Anti- … - Para ahondar en el tema: THE CONCILIAR RELIGION IS PURE MODERNISM. - LA RELIGIÓN DEL HOMBRE.

Transcribo seguidamente una muy pertinente y luminosa respuesta a la heterodoxa postura del entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuyo autor la ha difundido hoy en un grupo de "wasap" de católicos argentinos del cual formo parte:

MANIFIESTO CONTRA LA FE PROVISIONAL Y LA VERDAD CON FECHA DE VENCIMIENTO


Hay una idea que debe ser dicha sin rodeos, porque de ella dependen la fe, la doctrina y la honestidad intelectual: la verdad revelada no envejece, no caduca y no se “supera”. Y sin embargo, se nos propone -con lenguaje técnico, con prudencia calculada, con sonrisa académica-, que ciertas decisiones del Magisterio, incluso aquellas levantadas como diques contra el Modernismo, no fueron más que disposiciones pastorales provisorias, útiles en su momento, pero luego rectificables, superables, archivables. Se nos dice: el núcleo permanece, los detalles pasan. Pero el detalle de ayer era la muralla. Y la muralla caída hoy se llama “diálogo”.

I. La fe no es un experimento histórico

La Iglesia no custodia hipótesis, sino verdades.
No administra “anclajes provisorios”, sino depósitos sagrados.
Cuando una decisión magisterial fue tomada para defender la fe contra el error, no lo fue por capricho coyuntural, sino porque el error era real, activo y corrosivo.
Reducir esas decisiones a “prudencia pastoral condicionada por el contexto” es introducir una lógica ajena a la Tradición:
la lógica de la fe evolutiva,
la lógica de la doctrina que aprende de la historia,
la lógica de la Iglesia que se corrige a sí misma según el clima cultural.
Eso no es desarrollo orgánico.
Eso es historicismo aplicado a la fe.

II. Cuando lo provisional se vuelve método

Aceptar que las decisiones antimodernistas fueron “superadas en sus detalles” no es una nota al pie:
es un principio operativo.
Porque una vez concedido ese principio, todo queda expuesto:
lo que ayer fue error, hoy puede ser diálogo;
lo que ayer fue advertencia, hoy es rigidez;
lo que ayer fue defensa de la verdad, hoy es “miedo al mundo”.
Así nace una Iglesia que no condena, solo acompaña;
que no juzga el error, solo lo contextualiza;
que no proclama con autoridad, sino que propone con cautela.
Una Iglesia que ya no habla desde la verdad, sino hacia la modernidad.

III. El antimodernismo no fue una exageración: fue lucidez

Las decisiones antimodernistas no fueron una paranoia clerical ni un reflejo burgués.
Fueron una respuesta inteligente, vigorosa y necesaria frente a una disolución interna de la fe.
El Modernismo no fue un malentendido pasajero.
Fue -y es- la tentación permanente de reducir la fe a experiencia,
de someter la verdad al método,
de hacer de la Revelación un proceso abierto.
Decir que esas decisiones “prestaron un servicio” pero que luego quedaron obsoletas es conceder que la enfermedad pasó.
Pero la enfermedad no pasó.
Solo cambió de lenguaje.

IV. No hay rectificación posible de la verdad

La verdad no necesita ser rectificada.
Lo que necesita rectificación es el error.
Cuando se habla de “rectificar” decisiones tomadas para proteger la fe, se está diciendo -aunque no se confiese- que la fe puede haber sido protegida en exceso,
que el mundo merecía más confianza,
que la Tradición fue demasiado severa.
Eso no es prudencia pastoral.
Eso es desconfianza en la perennidad de la verdad.

V. Llamamiento final

Basta de una fe con cláusulas temporales.
Basta de un Magisterio interpretado como etapa superable.
Basta de una Iglesia que pide perdón por haber defendido la verdad con claridad.
La Iglesia no está llamada a acomodarse al mundo,
sino a convertirlo.
No a “dialogar” con el error,
sino a iluminarlo y vencerlo.
El antimodernismo no fue un exceso del pasado.
Fue un acto de amor a la verdad.
Y la verdad no se supera.
Se confiesa.
Se custodia.
Se transmite.

Autor: Chema - 23.01.2026

ADDENDUM

Una objeción que he recibido por correo privado:


Entiendo que Ratzinger tuvo diferentes periodos y que no era muy tomista. Pero el manifiesto cae en un modernismo invertido: no relativiza la verdad revelada, pero absolutiza sus formulaciones históricas contingentes, confundiendo sustancia y accidente y deslegitimando el ejercicio prudencial del Magisterio vivo, cuya función no es cambiar la fe, sino custodiarla distinguiendo lo necesario de lo circunstancial.

La verdad revelada por Dios es necesaria, eterna e inmutable. Eso no cambia nunca. Pero las decisiones que la Iglesia toma para proteger esa verdad en un momento histórico pertenecen al orden de la prudencia, no al orden del dogma. La prudencia, para Tomás, se ocupa de cosas que pueden hacerse de distintas maneras, según las circunstancias. Por eso, una decisión prudencial puede ser correcta y necesaria en su tiempo, y sin embargo no obligatoria para siempre.

=> Que algo haya sido hecho para defender la fe no lo convierte automáticamente en parte de la fe.

=> El error del manifiesto está en no hacer esta distinción.

Al decir que una decisión tomada para defender la fe “no puede ser rectificada”, trata esa decisión como si fuera tan inmutable como la verdad misma. En términos tomistas, confunde el fin (custodiar la fe, que es absoluto) con el medio (la forma concreta de hacerlo, que es histórica). O sea, la fe es sustancia; las medidas defensivas, son accidentes. Cambiar un accidente no cambia la sustancia. - Un teólogo tomista de Buenos Aires.

Mi respuesta a la objeción:

No estoy de acuerdo. Ratzinger, como buen modernista, utiliza falazmente el argumento historicista de las "medidas prudenciales" apropiadas a determinadas circunstancias históricas para poder cargarse subrepticiamente el contenido dogmático de los documentos magisteriales a los que alude. Pero eso no resiste el menor análisis, ya que él se refiere básicamente a "Quanta Cura/Syllabus" y a "Pascendi/Lamentabili", cuyo contenido es eminentemente doctrinal y, por tanto, definitivo e irrevocable.

Obviamente, eso él -y los demás "papas conciliares"-, no lo pueden aceptar, dado que dichos documentos condenan por anticipado las innovaciones conciliares respecto a, por ejemplo, la libertad religiosa, el ecumenismo y la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas. Es un hecho innegable que esas doctrinas modernistas se sitúan en las antípodas de la revelación divina y del magisterio eclesiástico anterior al CVII, y que, por ende, no pueden recibirse como magisterio católico auténtico y legítimo, lo que lleva, necesariamente, a plantearse el estatuto que revisten las autoridades que las promulgaron y las fomentan e imponen arbitrariamente a la Iglesia universal.

Ratzinger dijo que los documentos del concilio constituyen un "anti-syllabus" y un intento de reconciliación oficial de la Iglesia con la sociedad liberal surgida de la Revolución Francesa. Es decir, son los propios artífices e implementadores del concilio quienes han adherido públicamente al liberalismo, al modernismo, al ecumenismo, a la libertad religiosa para todos los cultos, al Estado laico no confesional, al indiferentismo religioso y a los impíos y escandalosos aquelarres interreligiosos de Asís, entre muchas otras aberraciones que claman al Cielo y suponen, objetivamente, apostasía de la fe católica.

Esto no es un invento mío. Yo me limito a comprobar los hechos y a sacar las conclusiones teológicas que se siguen del caso, a saber, que esas conductas "pastorales" y esas enseñanzas supuestemente "magisteriales" de ninguna manera pueden provenir de una legítima autoridad eclesiástica dotada de poder de jurisdicción sobre la Iglesia universal, sino de falsos pastores, de lobos disfrazados con piel de cordero, a los que todo católico que se precie de serlo debe resistir y denunciar públicamente como lo que son: modernistas infiltrados en la Iglesia, enemigos de Dios y destructores de la fe católica... - Miles Christi - @Miles - Christi

ADDENDUM II

Consulta de otra persona sobre el intercambio inicial.

PREGUNTA:
Es perfecto el texto, ¿con qué parte no estás de acuerdo? ¿O con qué formulación? Por otro lado, Quanta Cura, Syllabus, Pascendi son irrevocables, pero él no dice que no lo sean, sino que puede haber mejores maneras de decir lo mismo. Ahora bien, esas nuevas maneras deben, efectivamente, decir lo mismo. - Un filósofo tomista de Buenos Aires.

RESPUESTA: Lo que él dice es correcto in abstracto, pero resulta engañoso aplicado a este caso concreto, puesto que lo que Ratzinger llama "detalles individuales, influenciados por las circunstancias del momento", no se refiere a medidas prudenciales, esencialmente vinculadas a un contexto histórico determinado -fuera del cual podrían perder su razón de ser-, sino al contenido doctrinal inalterable de los documentos magisteriales antiliberales y antimodernistas. El mismo Ratzinger se encarga de confirmar esta lectura, al citar como ejemplo la doctrina conciliar de la "libertad religiosa", cuya condena decimonónica habría quedado "superada" tras la desaparición de la Cristiandad política. Lo mismo cabría decir respecto a la condena conciliar implícita de la doctrina tradicional del Estado confesional católico, al ser calificada de "privilegio" en Dignitatis Humanae ("un especial reconocimiento civil en la ordenación jurídica de la sociedad, consideradas las circunstancias peculiares de los pueblos" n. 6).

El pase mágico ratzingeriano es casi perfecto: el antiguo garante de la "Doctrina de la Fe" avala la falsa libertad de culto de todas las religiones en la sociedad y suscribe a la abolición de la doctrina de la confesionalidad católica del Estado, so pretexto de tratarse de medidas de simple orden "prudencial", ligadas a cierto "contexto histórico", las que, una vez transcurrido el tiempo y habiendo emergido nuevas circunstancias históricas, se volverían caducas. Esto es, huelga señalarlo, modernismo historicista en su más prístina expresión, maquiavélica y maliciosamente travestido por Ratzinger en un asunto de mera "prudencia pastoral", que pretendidamente distinguiría entre lo "esencial" y lo "accesorio" en el magisterio previo al concilio.

El mensaje de mi amigo miraba a un único objetivo: salvar al "soldado Ratzinger" a como diera lugar. Lo que, en su actitud mental "conservadora conciliar", puede entenderse. En efecto, ¿cómo admitir que Ratzinger -o, para el caso, cualquiera de los "papas conciliares"-, puedan ser sospechados de adherir y promover la herejía modernista en el desempeño de sus cargos eclesiásticos? ¿Cuáles serían las consecuencias teológicas de semejante proceder en gente que, teóricamente, ha sido investida del poder de jurisdicción sobre la Iglesia universal? Semejante cuestionamiento hiela la sangre, y la respuesta podría ser, lisa y llanamente, intolerable.

La disonancia cognitiva experimentada por el "conservador conciliar" podrá ser perturbadora pero, para él, atreverse a cuestionar la legitimidad doctrinal de estos "paladines de la fe” conciliares -pero, eso sí, impulsados por un "corazón tradicional"-, es algo que, visiblemente, supera sus fuerzas mentales y anímicas. En definitiva, para responder a tu pregunta, al decirle que no estaba de acuerdo, me estaba refiriendo, no a la literalidad de su mensaje, sino a la improcedencia de su línea argumental, consistente en aplicar una estrategia de defensa fundada en principios ciertos pero inadecuados al caso en cuestión, lo que se da en llamar "falacia del hombre de paja".

Con respecto a la segunda parte de tu pregunta, lo único que puedo decirte es que, manifiestamente, los modernistas no dicen lo mismo en cuanto al fondo; por ejemplo, en Dignitatis Humanae se da por perimida la condena magisterial previa al concilio acerca de la libertad religiosa, a la vez que se suprime tácitamente la doctrina tradicional del Estado confesional católico. - Miles Christi - @Miles - Christi

ADDENDUM III

Nuevo intercambio con el autor del primer mensaje.


El problema de tu argumentación no está en la crítica prudencial a Ratzinger, eso es legítimo, sino en el salto lógico que das después, que no resiste un análisis tomista.

Primero. Afirmás que Ratzinger no se refiere a determinaciones prudenciales sino al “contenido doctrinal inalterable” de Quanta Cura y del Syllabus. Eso es una petición de principio: asumís precisamente lo que está en discusión, a saber, que toda formulación concreta de esos documentos sea dogmáticamente irreformable. En Tomás, y en la teología clásica (incluido Garrigou-Lagrange), eso es falso: una enseñanza puede ser doctrinal en su objeto y prudencial en su determinación histórica.

Segundo. Confundís la condena del error con la negación de toda tolerancia civil del error. Que el error no tenga derechos en sí no implica que el Estado deba siempre y en todo contexto reprimirlo jurídicamente. Esa distinción, entre orden moral y orden jurídico, es Tomista, no modernista. Negarla lleva a absolutizar un modelo político concreto como si fuera de derecho divino.

Tercero. Cuando calificás Dignitatis Humanae como “abolición de la doctrina tradicional del Estado confesional”, volvés a confundir planos. La doctrina tradicional afirma la subordinación del orden civil a la ley moral y a Dios; no define como dogma una forma política única. Llamar “privilegio” a un reconocimiento civil no niega la verdad de la fe, sino que reconoce la contingencia histórica de ese reconocimiento. Eso pertenece al orden del obrar, no del ser.

Cuarto. Acusar de “modernismo historicista” a quien distingue entre verdad inmutable y aplicación prudencial invierte la acusación. El verdadero historicismo es fijar la verdad a una forma histórica concreta y negar a la Iglesia la capacidad permanente de ejercer prudencia. Eso es historicismo inverso, no fidelidad a la Tradición.

Quinto. La conclusión, poner en duda la legitimidad doctrinal y jurisdiccional de Papas y Concilio, no se sigue de las premisas. En Tomás, errores prudenciales, incluso graves, no anulan la autoridad, ni convierten automáticamente a un pastor en hereje o falso papa. Ese salto es =>donatista, nunca Tomista. Sí, se puede discutir si Ratzinger fue imprudente en su formulación. No, no se puede concluir de ahí modernismo, apostasía ni ilegitimidad.

Sexto. Ahí está la diferencia entre disputatio y => retórica, entre teología sana y rigorismo, entre filosofía tomista e ideología. Desde ya que soy crítico de Dignitatis Humanae, de la filosofía de Ratzinger, de la Misa Post Conciliar etc., pero hay que ubicarse bien en los planos de discusión. - Un teólogo tomista de Buenos Aires.

Mi respuesta a las objeciones.

1. No hay ninguna petición de principio, Ratzinger clarifica su postura dando el ejemplo de la libertad religiosa, que ya no es condenada por la Iglesia “conciliar”, a pesar de ser esto contrario a la revelación bíblica y diametralmente opuesto al magisterio preconciliar. En definitiva, yo nunca he negado que “una enseñanza puede ser doctrinal en su objeto y prudencial en su determinación histórica” -acusarme de eso es asimilable a la falacia del “hombre de paja”-, sino que sostengo algo muy distinto, a saber, que los documentos a los que Ratzinger alude en su conferencia no son en absoluto de naturaleza “prudencial” -contingentes y mutables en función de la coyuntura histórica-, sino documentos esencialmente doctrinales, en los que se recuerda el magisterio previo de la Iglesia en relación con los temas abordados.

2. La tolerancia hacia el error como decisión prudencial de la autoridad temporal con vistas a evitar un mal social mayor ha sido siempre la enseñanza de la Iglesia. En cambio, el CVII ha transformado esa tolerancia en derecho civil de toda religión a practicar públicamente su culto y a difundir libremente sus errores en la sociedad, lo que es, repito, contrario tanto a la revelación divina como al magisterio de la Iglesia.

3. La doctrina tradicional de la Iglesia enseña inequívocamente el deber moral del poder temporal de profesar el catolicismo y de ajustar sus actos a la ley de Dios y al magisterio de la Iglesia en todas las materias mixtas, aquellas en que estuviera en juego la fe y la moral, como lo enseñan claramente, entre otros, León XIII en Inmortale Dei y Pío XI en Quas Primas. Ahora bien, Dignitatis Humanae deroga esta doctrina doblemente, primero al omitir mencionarla, y segundo al justificar la existencia eventual de algún Estado confesional católico solamente como una excepción a la regla, como un privilegio concedido al catolicismo en razón de circunstancias históricas puntuales.

4. El verdadero historicismo modernista -profesado por Ratzinger y por todos los “papas conciliares”, que defienden a capa y espada las novedades conciliares heterodoxas, tales como la falsa libertad religiosa-, consiste en hacer pasar por contingente lo que es esencial, por medida prudencial lo que es doctrina cierta, y por eventualidad histórica mutable lo que es en realidad exigencia moral de conformidad a la ley de Dios y de pía sumisión al magisterio bimilenario de la Iglesia.

5. Cuando enseñanzas manifiestamente contrarias a la revelación divina y al depósito de la fe son impartidas por personas que ocupan puestos de autoridad en la Iglesia, y que, en principio, han sido revestidas de poder de jurisdicción sobre la Iglesia universal -lo que vuelve sus enseñanzas vinculantes y la obediencia a sus decisiones disciplinares y litúrgicas de rigor-, todo católico que se precie de tal se ve llevado a interrogarse acerca de la legitimidad supuestamente detentada por tales personas, dado que se encuentra en el perturbador dilema de tener que obedecer a Dios, permaneciendo fiel a la fe católica y rechazando el "nuevo magisterio", o bien de tener que someterse a la arbitrariedad de quienes le presentan novedades doctrinales opuestas a la enseñanza de la Iglesia disfrazadas de "magisterio auténtico", traicionando de este modo a la vez su conciencia y sus votos bautismales. (Ver acá: LA RELIGIÓN DEL HOMBRE.)

6. La teología nunca puede ser sana cuando pretende salvar la cara de las autoridades conciliares como objetivo innegociable, en desmedro de la realidad objetiva de los hechos. Así, por ejemplo, cuando los “papas conciliares” invitan a las falsas religiones del mundo a invocar a sus ídolos para obtener la “paz en el mundo” (abominación indescriptible que conlleva ipso facto apostasía de la fe católica y excomunión latae sententiae por incurrir en naturalismo, indiferentismo religioso y falso ecumenismo -condenado por Pío XI en Mortalium Animos-), cualquier católico medianamente instruido se percata inmediatamente de que tal conducta escandalosa (que enseña implícitamente la bondad de todas las religiones), no se condice con la autoridad de un verdadero Vicario de Cristo, cuya función consiste en apacentar el rebaño y en confirmar a sus hermanos en la fe, objetivo fijado por su Divino Fundador, para el cumplimiento del cual le ha conferido la inerrancia en materia de fe y moral, habiendo “rogado al Padre” con esa intención, a fin de que su fe “no desfallezca” (Ver acá: REFLEXIÓN SOBRE LA APOSTASÍA EN LA IGLESIA.). - Miles Christi - @Miles - Christi

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ADDENDUM IV

Respuesta del autor del manifiesto a la objeción inicial:


1) Autopsia lógica de lo que hace mal este comentario.
A. Falacia de hombre de paja. El crítico atribuye al manifiesto una tesis que “toda formulación histórica” o “toda medida defensiva” sería inmutable “para siempre”.
El modernismo es un método, y su triunfo ocurre cuando se desplaza el tribunal (el mundo juzga el dogma). La discusión no es “si puede haber prudencia” sino quién determina qué es ‘accidente’ y con qué criterio.
B. Equivocación sobre “prudencia” (cambio de significado) Invoca a Santo Tomás para “prudencia = todo lo que puede cambiar”. Eso es una simplificación.
En Santo Tomás, la prudencia versa sobre contingentes operables; pero no convierte automáticamente en “contingente” cualquier acto eclesial etiquetado “prudencial”. El comentario usa “prudencial” como licencia de reversibilidad: si algo es prudencial, puede rectificarse; y si puede rectificarse, no obliga. Considero eso como un salto ilegítimo.
C. Petitio principii (circularidad). “Las medidas defensivas son accidentes; cambiar un accidente no cambia la sustancia.”Eso presupone exactamente lo que debe probar: que lo que se cambia es realmente accidente y no toca sustancia ni el criterio de sustancia. El argumento se autopremia: define como accidente lo que quiere poder cambiar.
D. Non sequitur. Aunque concedieras que ciertas decisiones son prudenciales, no se sigue que puedan “rectificarse” sin costo epistemológico.El punto decisivo es que en el modernismo el “criterio” se desplaza: no es sólo cambiar un medio; es cambiar quién juzga qué es medio y qué es fin. El comentario no enfrenta ese punto: lo elude.
E. Falsa dicotomía. Plantea: o “absolutizas formulaciones” o “aceptas el Magisterio vivo prudencial”. Falso. Hay una tercera vía: reconocer niveles y prudencia, pero denunciar cuando el lenguaje de prudencia se usa para re-definir el criterio (el mundo como tribunal) y declarar “superado” lo que precisamente impedía esa inversión.
2) El error de fondo: confunde “accidente” con “instrumento epistemológico” Mi paper no dice: “toda medida disciplinaria es dogma”. Dice algo más fino y más devastador: Hay “medidas” que no son dogma, pero custodian el régimen epistemológico por el cual el dogma se entiende y se defiende. Ejemplo: el juramento antimodernista o ciertas determinaciones antimodernistas no son dogma en sí, pero apuntan a impedir un método (historicismo, relativización del sentido, primacía del “pensamiento del día”) que sí afecta sustancia. En otras palabras: algunas “medidas” son “accidentales” en forma, pero constitutivas en función. Llamarlas “accidentes” y declararlas reemplazables “sin tocar la sustancia” es ignorar que: el Modernismo no necesita negar dogmas; le basta con alterar el marco de inteligibilidad y las reglas de lectura.A Eso es exactamente lo que yo llamo “método”.
3) Tomismo bien entendido: prudencia sí, pero no “prudencialismo”. El comentario usa Tomás como comodín, pero cae en una patología clásica: prudencialismo, es decir, convertir “prudencia” en categoría que disuelve lo vinculante.
Punto tomista clave: la prudencia ordena medios al fin, pero no re-define el fin, y no puede convertirse en “facultad de declarar accidental lo que estorba”. Cuando se define como “accidente” aquello que protege el criterio de verdad, se está haciendo lo que el tomismo combate: subordinar lo real a lo útil (o a lo conveniente “según las circunstancias”). No discutimos si hay medios contingentes. Discutimos si la “rectificación” está guiada por la fe o por el mundo como tribunal. Si la rectificación obedece al mundo, no es prudencia: es inversión del orden.
4) El talón de Aquiles del comentarista: “¿quién decide qué es accidente?”.
El argumento se cae cuando se le hace esta pregunta única (y mortal): ¿Con qué criterio determinás qué es “accidente” y qué es “sustancia”? Si responde: “con el pensamiento contemporáneo”, confirma tu tesis (método modernista). Si responde: “con la Revelación y la Tradición”, entonces no puede usar “circunstancias” para declarar “superadas” defensas antimodernistas sin demostrar que no cambió el tribunal.
Y acá el texto que citás de 1990 (núcleo/detalles; “superación” de determinaciones) es justamente lo que denuncio como ingeniería de reversibilidad: conservar “núcleo” como palabra, cambiar “detalles” donde vive la eficacia.
5) Falacia retórica: “modernismo invertido”. “Modernismo invertido” es un rótulo ingenioso pero vacío: intenta ganar por estética (“ustedes también son modernistas, pero al revés”) sin probarlo. El Modernismo es método por el cual el mundo deviene criterio. Vos no estás absolutizando “formulaciones”; estás defendiendo el principio antimodernista: el criterio no es el mundo. Llamar a eso “modernismo invertido” es un truco de simetría falsa.

Autor: Chema - 25.01.2026

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